Revista Raíces

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Editorial

(número uno, septiembre 2018)

Existen en el mundo dos modelos de agricultura: el de tipo familiar campesino e indígena, y el del agronegocio o sistemas agroalimentarios globales, en gran parte de agro exportación. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Banco Mundial (BM) apuntan que a largo y mediano plazos la agricultura tipo familiar campesino e indígena es más productiva que la industrial. En América Latina y el Caribe no sólo son los mayores productores de alimentos para el consumo interno, sino que además desarrollan actividades agrícolas diversificadas; no en vano el 2014 fue declarado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como el Año Internacional de la Agricultura Familiar, con el objetivo de posicionar este sector como centro de las políticas agrícolas, ambientales y sociales y, de esta manera, centrar la atención mundial sobre su papel en la lucha por la erradicación del hambre, la pobreza y en la búsqueda de una mejora en la seguridad alimentaria y la nutrición.

Son tres las funciones fundamentales de la agricultura en el mundo: la primera es nutrir a la población. El problema actual y de los años próximos no es de escasez, sino de organización de la producción alimentaria, que hace que aun los que producen los alimentos sufran de hambre. América Latina enfrenta la doble carga de la malnutrición, donde la subalimentación y la obesidad coexisten en una misma familia. La segunda función es contribuir a la regeneración de la madre tierra y la agricultura juega un papel central; los campesinos tradicionales, los que tienen la experiencia, saben cómo regenerarla la tierra, cómo darle la posibilidad de recuperar su vida ante la función permanente de los seres humanos, de restablecer el metabolismo; es decir, el intercambio de materia entre los seres humanos –que son parte de la naturaleza– y la naturaleza fuera del ser humano. La tercera función de la agricultura es contribuir de manera fundamental al bienestar de los campesinos, de todos aquellos que trabajan la tierra.

Bajo estas premisas resulta impostergable la discusión y la investigación en relación con la agricultura y la sustentabilidad, actividades sustantivas para enfrentar los grandes desafíos de la agricultura, la producción de alimentos suficientes y sanos, el agotamiento de los recursos, y el cambio climático. Con este propósito se presenta este primer número de la revista Raíces del desierto; con el firme propósito de ofrecer un espacio de interacción y trabajo colaborativo entre investigadores del estado y del país, con la convicción de servicio al sector agrícola.

Pedro Zesati del Villar / Director